Mujeres y Trabajo fuera del Hogar | John MacArthur

17 de Octubre de 2012


“[Anima a las jóvenes] a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:4-5 RV60).

Las jóvenes casadas deben ser trabajadoras en su hogar. Una de las cosas más difíciles para muchas esposas contemporáneas es estar satisfechas siendo amas de casa. En parte, la razón es que los aparatos eléctricos actuales simplifican y reducen el trabajo en casa; el tiempo que se ahorra, pero que no se utiliza en algo constructivo, inevitablemente produce aburrimiento, insatisfacción y, frecuentemente, tentaciones.

Pero la mayor de las presiones para las esposas jóvenes es que nuestra cultura está saturada de preceptos antibíblicos de feministas radicales, quienes creen que la permanencia en casa de la mujer es una forma indignante en la que los varones la someten a una esclavitud de la que toda mujer necesita liberarse. Claramente, insisten en que la mujer debe ser tan libre como el hombre para trabajar fuera del hogar, en cualquier trabajo, bajo cualquier esquema y en el horario que ellas deseen.

Las estadísticas dejan claro que las aventuras extramaritales crecen exponencialmente cuando las mujeres trabajan fuera de su hogar simplemente porque se incrementa la exposición a la tentación. Además, con frecuencia se encuentran bajo la autoridad de un hombre que no es su esposo (cf. Efesios 5:22, especialmente la palabra “propios”) y en un ambiente que es antitético a los estándares cristianos de moralidad y del papel de cada género.

Es trágico que muchas mamás jóvenes se vean forzadas a trabajar fuera porque sus esposos han muerto, están presos o las han abandonado y no aportan a la manutención de los hijos, o bien porque nunca han estado casadas y sus propias familias no pueden o no desean ayudarlas. También es una tragedia que muchas iglesias y amigos cristianos olviden su obligación de ayudar a las mujeres jóvenes que se encuentran en tales aprietos. Y cuando la mamá está lejos de casa, los hijos pequeños también son cuidados lejos de casa cuando debieran permanecer en su hogar tanto como fuera posible y no ser privados de la compañía e instrucción de su propia madre.

Las mujeres que no tienen hijos o cuyos hijos ya han crecido, claramente tienen menos obligaciones en casa y, por lo tanto, tienen mucho más tiempo disponible; sin embargo, el punto no es tanto que el lugar de una mujer esté en su casa, sino que su responsabilidad es para con su hogar. Ella podría tener un trabajo razonable fuera de casa o elegir trabajar en la iglesia o ejercer un ministerio en alguna organización cristiana, un hospital, una escuela o en muchos otros lugares, pero el hogar es el dominio especial de una esposa y siempre deberá ser su prioridad más alta. Es en el hogar donde ella puede animar y apoyar de la mejor manera a su esposo y es el mejor lugar para extender su hospitalidad a los amigos cristianos, vecinos no creyentes, a los misioneros que están de visita, así como a otros obreros cristianos.

En relación a ser trabajadoras en el hogar, las cristianas que hoy son esposas jóvenes deben tener especial cuidado en ser prudentes, como se les ha exhortado en el versículo citado arriba. Habiendo consultado con sus esposos, ellas deben usar su buen juicio para tomar una decisión sabia y justificada de cuánto tiempo pueden dedicar a actividades fuera del hogar, ya sea en un trabajo con paga o en alguna forma de servicio voluntario. Cuando ellas tienen un deseo genuino de obedecer y honrar al Señor en todas las cosas y buscar guía de manera intencional a través de Su Palabra y de la oración, pueden estar seguras de que Él proveerá la sabiduría y convicción necesarias.

Las verdaderas víctimas femeninas de hoy no son mujeres que por voluntad propia están sujetas en amor al Señor y a sus maridos y dedicadas a sus hijos, sino en realidad son aquellas mujeres que han sido engañadas por ideas feministas antibíblicas y satánicas acerca de ser libertadas de Dios y del hogar.

El hogar es el lugar en donde la esposa puede proveer la más excelente expresión de amor por su esposo. Es donde enseña, guía y da un ejemplo piadoso para sus hijos. Es el lugar en donde está protegida de relaciones abusivas e inmorales con otros hombres y en donde, especialmente en nuestros días, tiene una mayor protección de influencias mundanas a pesar de los espeluznantes programas de TV, revistas y otras intrusiones impías. El hogar es donde la mujer tiene una oportunidad especial para ejercer la hospitalidad y dedicarse a otras buenas obras; el hogar es donde puede encontrar la plenitud auténtica y satisfactoria como cristiana y como mujer.


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Este artículo originalmente apareció aquí en Grace to You.

Traducción: David Franco, The Biblical Christian Translators Association
Edición: Ana Lucía Franco de Pérez, The Biblical Christian Translators Association

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