Honra al matrimonio: ama a tus hijos


En ocasiones, el matrimonio se ha visto en grandes dificultades. Muchos de los que ahora leen este artículo han sido impactados por un divorcio, ya sea el propio o el de alguien cercano. Cuando el divorcio es parte de tu historia familiar, tus conversaciones deben reflejar el poder sanador de Dios y que tu enfoque es servirle ahora, en lugar de reflejar los problemas de un pasado problemático.

Esto presenta un reto particular para las familias reconstruidas y para los padres que deben continuar interactuando después de un divorcio. Puede ser que las relaciones rotas permanezcan rotas. El dolor puede hacerse mayor con el paso del tiempo en vez de desvanecerse. Cuando una relación que era una sola carne se destroza hay muchos bordes cortantes y muchas emociones al desnudo. Pareciera que por cada situación en donde un divorcio no causa dolor duradero, hay muchas otras en donde las dificultades permanecen.

En medio de todo están tus hijos. Dios quiere que honres al matrimonio. Es cierto, tu matrimonio puede haber acabado mal, pero el hecho de que los humanos fallemos no quiere decir que el matrimonio sea defectuoso y deba ser evitado. Efesios 4:29 nos llama a hablar únicamente palabras de edificación. Si quieres amar a tus hijos, eso es justo lo que tienes que hacer.

Si estás divorciado, ¿tu familia te escucha decir que tu ex esposo o esposa es la causa de todos, o casi todos, tus problemas? ¿Tu diario hablar está lleno de amargura y dolor? Dios es un Dios que da esperanza. No permitas que un matrimonio fallido siga haciendo daño debido a tu forma de hablar. Incluso si la decisión de la corte parece injusta, aún puedes honrar a Dios con tus palabras. Recuerda el ejemplo de José. Si alguien tiene la intención de hacerte mal, Dios usará la situación para bien.

Padres, escúchense ustedes mismos. Sus hijos los escuchan. ¿Qué oyen? Debes entender la magnitud del mensaje que les estás comunicando. Escúchate cuando hablas; se necesita valor para hacerlo. Tus palabras podrían no ser benéficas o productivas. Si este es el caso, por el bien del honor de Dios y por el bienestar de tus hijos, tu forma de hablar debe cambiar.

¿Cómo puede cambiar? Este cambio sucederá como todo cambio bíblico: a través del arrepentimiento y la fe. Arrepentirse significa darle la espalda a tus pensamientos y palabras anteriores para buscar los buenos caminos de Dios. Tener fe significa seguir los lineamientos de Dios para nuestra forma de hablar, aún si duele.

Incluso si tu ex cónyuge no es amable contigo, puedes obedecer la amonestación de Pablo a regresar bien por mal. Incluso si tu ex cónyuge no cambia, eso no debe controlar lo que dices y haces. Lo que necesitas evitar es que tus hijos se conviertan en una especie de balón emocional que los dos padres infelices patean de un lado a otro.

Habla bien del matrimonio. Cristo tiene el poder de sanar las heridas de amargura. Por la gracia de Dios, no les transmitas a tus hijos el dolor de un matrimonio fallido. No dejes un legado de amargura, sino sigue el camino del amor sacrificial y honra al matrimonio. Ama a tus hijos lo suficiente como para honrar a Dios con la manera en que hablas del matrimonio. Muéstrale a tus hijos que la misericordia de Jesucristo puede sanar las heridas más profundas, incluso las del divorcio.



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Traducción: Ana Lucía Franco, BCTA


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