Orando por más


Es fácil orar por cosas buenas. Quieres que tus seres amados estén sanos y seguros. Deseas que el malestar y la violencia en tu país terminen. Quieres que tus hijos sigan a Dios. Pides que aquellos que están sufriendo enfermedad sean sanados. Deseas que la felicidad en tu matrimonio sea restaurada. Estas son cosas buenas. Pero, ¿tienes el valor para orar por más?

Minimizas a Dios cuando solamente pides por cosas que te parecen apropiadas para ti. En la oración de nuestro Señor, Cristo nos presenta algo mejor por lo cual orar: Él pide que el reino de Dios venga y se haga Su voluntad.

Esta petición requiere confianza en Dios. Es una súplica por que Dios haga cosas más allá de lo que puedes pedir o imaginar. Este ruego redefine tu expectativa de lo que es bueno y audazmente proclama que Dios tiene mejores planes para tu vida que los que tú tienes. Cuando tú y yo hacemos esta oración, no sabemos plenamente qué puede significar esto para nuestras vidas. En humildad reconoces que no sabes las respuestas, pero que Dios sí.

Limitas tus oraciones cuando sólo pides por lo que puedes imaginar. Orar por que se haga la voluntad de Dios requiere fe y confianza más allá de los límites de lo que crees que es bueno.

Cuando oras por la voluntad de Dios estás orando en fe. Orar de esta manera es atemorizante. Te hace vulnerable. La idea de Dios sobre lo que es bueno puede ser radicalmente diferente a la tuya. Pide a Dios el valor para confiar en lo que Él determine que es bueno para tu vida.

"Venga tu reino, hágase tu voluntad". Es una oración osada. Pablo nos recuerda la maravilla que es pedir que la voluntad de Dios se cumpla en nuestras vidas:

"Antes bien, como está escrito:
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
Ni han subido en corazón de hombre,
Son las que Dios ha preparado para los que le aman"
(1 Corintios 2:9).


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Traducción: Noemí Vázquez, BCTA


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